Nona Fernández: Av. 10 de julio Huamachuco
Fecha: Jueves 11 de Marzo de 2010
Acá les dejamos un fragmento de la novela Av. 10 de julio Huamachuco, de Nona Fernández, que obtuvo el Premio Municipal de Literatura 2008. Lea y disfrute.
La madrugada del 5 de marzo de 2003 una pequeña niña aparece degollada en la maleta de un Citroën CX patente UT 34217 en el sector del Parque O’Higgins, frente a las boleterías del centro de diversiones infantiles Fantasilandia, entre la avenida Beaucheff y la tribuna de la elipse. El cuerpo de la víctima presentaba heridas profundas en la zona del cuello inferidas con arma blanca.
El hallazgo del cadáver ocurrió a las seis de la mañana. El guardia de turno de Fantasilandia, Ricardo Tapia Bustos, cuarenta años, domiciliado en Peñalolén, encontró el Citroën CX estacionado frente a la reja del parque. El suceso poco común le llamó la atención y por este motivo se acercó con curiosidad al vehículo, descubriendo que la maleta de éste se encontraba a medio abrir. Al levantar del todo la compuerta, Ricardo Tapia Bustos pudo ver el cuerpo degollado de la niña. Impactado con el hallazgo, Tapia Bustos dio aviso de inmediato a carabineros quienes, transcurrido el medio día, lograron identificar a la víctima con el nombre de Amalia Silva Rodríguez, de tres años de edad, domiciliada en la calle Roberto Espinoza, a quien se buscaba desde la noche anterior a raíz de una denuncia hecha por su padrastro Pablo Méndez Castro a la cuarta comisaría de carabineros.
A los pocos minutos de ser identificado el cuerpo, la madre de la menor, Regina Rodríguez Pereira, treinta y dos años, domiciliada en Roberto Espinoza, y su esposo, Pablo Méndez Castro, treinta y seis años, domiciliado en el mismo inmueble, acudieron al llamado de carabineros. Captó la atención de la policía la tranquilidad de estas dos personas al contemplar el cadáver de la niña con la garganta cortada. Fue esta extraña situación la que dio pie para descubrir al autor del crimen.
El primero en ser interrogado fue Ricardo Tapia Bustos, guardia de Fantasilandia, quien declaró lo ya narrado anteriormente. La segunda en ser interrogada fue Emilia Contreras Peredo, cincuenta y tres años, comerciante, domiciliada en la calle Aldunate, dueña del Citroën CX. Su declaración fue simple y concisa. Luego de una jornada de trabajo en la tienda familiar de artículos plásticos El Bichito de Goma, Emilia Contreras Peredo retornó a su hogar y estacionó su auto frente a su casa como lo hace todas las noches. No se enteró de que su vehículo había sido sustraído, hasta que recibió una llamada de carabineros a las siete de la mañana del día siguiente, anunciándole que un auto con sus documentos se encontraba frente a Fantasilandia con el cadáver de una niña degollada en el maletero.
La tercera en ser interrogada fue la madre de la menor, Regina Rodríguez Pereira, quien a los pocos minutos de ser sometida a este proceso, declaró entre lágrimas que el autor del crimen era su marido, Pablo Méndez Castro. Méndez Castro fue expuesto al mismo tránsito, confesando rápida y fríamente su terrible delito.
La narración de Méndez Castro fue larga y detallada. En ella expresó que desde hace bastante tiempo venía planeando la muerte de su hijastra, a quién odiaba profundamente, ya que, según dijo, era la causa de las desavenencias con su mujer, Regina Rodríguez Pereira. La cabra chica era enferma de hinchapelotas, declaró. Nos sacaba los choros del canasto todo el día, no nos dejaba ni culiar tranquilos, pendeja de la concha de su madre, me tenía chato.
La tarde del cuatro de marzo de 2003, poco después de las diecinueve horas, Castro Méndez llevó a la pequeña Amalia a pasear al Parque O’Higgins con el firme propósito de deshacerse de ella. Caminaron por entre los árboles y esperando que oscureciera, Méndez Castro le ofreció a Amalia ir a Fantasilandia, a ese lugar de juegos luminosos que la niña miraba siempre desde la reja sin poder entrar porque no tenían los medios económicos para hacerlo. La menor, que no sospechaba ni comprendía la situación, avanzó entusiasmada con la esperanza de que por fin entraría al parque de diversiones. Sin embargo, siendo ya de noche, la entrada se encontraba cerrada y sólo pudieron llegar hasta la reja y mirar los juegos vacíos desde el exterior. La niña, acostumbrada al rito de observar desde afuera, se quedó allí, quieta, concentrada en un carrusel que no andaba, en una montaña rusa alta y silenciosa, en un tobogán desierto. Viéndola así, Castro Méndez consideró que ése era el momento esperado y sacando un cortaplumas que había afilado premeditadamente, tomó a la niña por la espalda y empezó a cortarle el cuello con gran fuerza. La menor gritó instintivamente a lo que Castro Méndez o Méndez Castro, como sea, declaró haber enterrado con mayor profundidad la hoja asesina, socavando en una herida de la cual manaba sangre a borbotones. En pocos segundos, que para Castro Méndez parecieron horas, la menor dejó de gritar y expiró.
Luego de mirar a la niña unos instantes y de asegurarse de que estaba completamente muerta, Castro Méndez o viceversa, limpió el cortaplumas y sus manos en el pasto, y tomó el camino hasta su casa dejando el cuerpo inerte de la pequeña Amalia frente a la reja de los juegos infantiles. Al llegar a su domicilio en Roberto Espinoza, Castro Méndez llamó a carabineros denunciando la desaparición de su hijastra Amalia Silva Rodríguez con el propósito de despistar la posible atención de las autoridades sobre él. Luego de colgar, por alguna razón inexplicable, Castro Méndez sintió pánico. De pronto temió que alguien descubriera el cuerpo de la niña y pudiera implicarlo en el crimen. Por este motivo fue que resolvió volver al lugar de los hechos y esconderlo rápidamente.
Siendo cerca de las doce de la noche, Castro Méndez tomó el mismo camino por el que había andado hacía unas horas. Al pasar por la calle Aldunate sustrajo el Citroën CX del frontis de la casa de la en ese momento dormida Emilia Contreras Peredo. Con el auto llegó hasta el lugar del crimen y tomó en sus brazos a la niña para depositarla en el maletero del vehículo. Castro Méndez se disponía a huir con el auto y el cadáver cuando un grupo de jóvenes, posiblemente universitarios de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile, que se encuentra muy cerca, pasaron por el lugar. El asesino no lo pensó dos veces y corrió por el Parque imaginando que lo descubrirían. Castro Méndez, o Méndez Castro, llegó nuevamente a su casa, pero esta vez no salió más hasta que recibió el aviso de la cuarta comisaría de carabineros informándole que habían encontrado el cuerpo sin vida de su hijastra, Amalia Silva Rodríguez.
El Citroën CX fue a dar a una casa de compra venta automotriz luego de variados e infructuosos intentos de venderlo por parte de su dueña, Emilia Contreras Peredo. En la casa de compra y venta tampoco tuvo buena suerte y luego de dos años de estar allí, Emilia, quien no quería el automóvil por ningún motivo después de los escabrosos acontecimientos ocurridos en él, decidió venderlo a una desarmaduría. Allí el auto fue desmantelado y de él adquirí los focos delanteros y traseros. Ahora esos focos viajarán conmigo en mi furgón.
Extracto del capítulo El Palacio del Repuesto.










[...] inexpresable de lo que se vive de veras pero también con lo fantástico. Por ejemplo, en su novela Av. 10 de julio Huamachuco, Fernández muestra algo del presente y de la historia de Chile en las últimas décadas mediante [...]
Hola! Pueden encontrar una fotonovela a partir de un fragmento de la novela Av. 10 de Julio Huamachuco en el siguiente link:
http://leayapreteclick.blogspot.com/
Saludos,
Juan J. J.